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Patrimonio inmaterial de Eulz, Navarra.27-Ritos funerarios (IV)

Ritos funerarios en Navarra Eulz

27.- RITOS FUNERARIOS (y IV)

Dada la distribución de la feligresía en el espacio de la iglesia y su vinculación con el ritual de difuntos, resulta curioso observar como en Eulz la ubicación para el ceremonial de la muerte era sorprendentemente igualitaria. Eso sí, los diferentes ajuares del luto reflejaban sus diferencias económicas. En la primera mitad del S.XX y en los pequeños pueblos del norte de Tierra Estella, lo acostumbrado era que la dueña de la casa asistiera a los oficios religiosos desde su reclinatorio y en el espacio privado que representaba la antigua tumba familiar. Lo habitual era que las familias más pobres, o de reciente creación, ocuparan los lugares más atrasados de la nave, mientras que las más pudientes o vetustas se distribuyeran por las cercanías del ábside y las capillas laterales. Como en Eulz no hubo enterramientos dentro de la iglesia, las mujeres seguían los oficios religiosos desde los bancos de la derecha, a excepción de las que representaban a la casa en el año de luto.

Así pues, como hemos comentado anteriormente, el espacio ritual para las honras a los difuntos quedó relegado al trozo de pared del lado de la epístola, el que va desde la aguabenditera hasta la capilla. Cuando moría alguien, ahí se colocaba la señora de la casa, en su reclinatorio, durante el año que duraba el luto. Se colocaba junto a la aguabenditera, adelantando su posición si fallecía otra persona durante ese año, algo habitual en aquellos tiempos; por lo tanto, era común la presencia de varios reclinatorios en ese espacio. Permanecían en esa ubicación hasta celebrar el cabodeaño o primer aniversario del fallecimiento. Así pues, una vez terminado el ciclo volvían a los bancos de las mujeres. Además, recuerdan que algunos reclinatorios pertenecían a la parroquia y tras su uso se volvían a dejar en sus dependencias.

Durante un año, la representante de la casa acudía al reclinatorio cada vez que se celebraba misa y mantenía encendido un candelero de madera que recibía el nombre de añal. El poder adquisitivo de la familia quedaba reflejado en el número de velas y hachas que se disponían en el pequeño estante de madera o añal. También había casas que tan solo ponían una canastilla con un rollo de cera o una palmatoria. (En la foto vemos la parte superior de un candelero, hachero o añal que, como era habitual, tenía forma de estante con cuatro patas. Perteneció a la parroquia de Eulz y fue corriente su uso en los funerales de diferentes vecinos. Se aprecia su tamaño y los huecos para las velas y hachas. Fue uno de los objetos desechados y tirados a la escombrera, al hacer la reforma de la casa parroquial a principios de este siglo)

Además de las luces encendidas en recuerdo de los difuntos, durante los oficios religiosos del año también fue algo común en los pueblos de la zona, la ofrenda de un pequeño pan. En Eulz es probable que también fuera así, pero tan solo he recogido el testimonio relativo a los panes ofrendados el día 2 de noviembre o día de Ánimas. Tras los oficios de la tarde, el cura repartía esos panes troceados entre la chavalería de la escuela que acudía en pleno. Igualmente les repartía algunas ochenas de lo recaudado en la iglesia, con los numerosos responsos rezados por los difuntos de cada casa.

En la segunda mitad del S.XX, la iglesia fue trasladando los rituales de difuntos desde el día de Ánimas al día de Todos los Santos. La vieja visión cristiana del difunto en las penas del purgatorio que era continuamente ayudado con limosnas y oraciones fue siendo sustituida por otra imagen más amable en la que la gente que ha llevado una vida sencilla en su trabajo y en su familia deben ser considerados como “santos anónimos”. Algo que la gente ya intuía cuando jocosamente recitaba la conocida cantinela: “Si en el sexto no hay perdón y en el noveno no hay rebaja, ya puede Dios Nuestro Señor llenar el Cielo de paja”. De igual manera, la ritualidad y sus espacios han cambiado extraordinariamente pasando, en gran parte, de la iglesia al camposanto.

Finalmente, comentar que en las primeras décadas del S.XX, en el espacio situado entre el muro norte de la iglesia y la casa de M. A. Etxarte hubo un nogal conocido por los vecinos como el Nogal de las Ánimas.Iglesia Eulz, rito funerario La interpretación del nombre resulta oscura y, puestos a conjeturar, bien pudiera estar relacionada con su proximidad a la puerta del supuesto osario que hemos comentado en capítulos anteriores, o con el destino del dinero producido por la venta de las nueces.

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