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Patrimonio inmaterial de Eulz, Navarra.25- Ritos funerarios (II)

Cementerio de Eulz en Navarra

RITOS FUNERARIOS (II)

En la primera mitad del siglo XIX se da un nuevo e importante cambio en las prácticas de enterramiento. Esta variación está motivada, principalmente, por la fuerte epidemia de cólera que se da en los años 30 de ese siglo. Ante el progresivo número de muertes y la saturación de los espacios de enterramiento, se crearon nuevas superficies de inhumación, construyéndose en ese momento la mayoría de los actuales camposantos de Tierra Estella. En realidad ya había varios mandatos anteriores en este sentido y la epidemia de cólera fue la gota que colmó el vaso. Así pues, en 1786, Carlos III ya ordenaba que se suprimieran los enterramientos en el subsuelo de las parroquias y daba ciertas orientaciones sobre los nuevos emplazamientos: “…fuera de la poblaciones, en sitios ventilados e inmediatos a las parroquias y distantes de las casas de los vecinos…” Aunque, durante la Edad Moderna, los vecinos de Eulz se enterraron en el pórtico o atrio, como ya hemos comentado, la saturación de esas fuesas fue similar a la que presentaban los pueblos con las tumbas en el interior de la nave

La antigua fecha de construcción del actual camposanto, que nos remitía a la década de 1830, estaba grabada en el cabezal o dintel de la vieja puerta. Esta fue derribada, junto a la pared norte, al materializarse la ampliación del cementerio realizada a finales de los años 90. Este moderno incremento del espacio mortuorio conllevó la creación de las actuales parcelas familiares, en contraposición con el sistema anterior, que era individual y de carácter rotatorio. Como vemos, la naturaleza individual o familiar de las tumbas se van alternando a lo largo de la historia. Incluso la reciente y potente aparición de la incineración, tiene su equivalente en la Edad del Hierro. En esa época se puede datar la necrópolis de incineración que apareció en una finca del Alto de Ilurbea, durante las labores para plantar olivos que realizó M.A. Larrión. Volviendo al actual cementerio, don Luis, el párroco, eligió como hito marcador de las sepulturas el mismo modelo circular que había señalizado las viejas tumbas medievales excavadas en el entorno de la parroquia de san Sebastián.

Hasta la segunda mitad del siglo XX, el cementerio de Eulz, al igual que otros de la comarca, se encontraba poco cuidado ya que las honras fúnebres se realizaban en el interior de la iglesia. Es decir, a pesar de que se había creado un nuevo lugar de enterramiento las ceremonias al difunto se mantuvieron en la parroquia. Es en la segunda mitad del S. XX cuando el camposanto adquiere la actual categoría de espacio ritual que, actualmente, tiene su punto álgido el día de Todos los Santos.

Finalmente, en el cementerio de Eulz quedaba evidente que todos los vecinos eran iguales ante la muerte. A diferencia de otros lugares, aquí no había mausoleos ni capillas reveladoras del poder adquisitivo de los propietarios. Ni tan siquiera se construyó el habitual Limbo, con su puerta exterior, destinado a acoger a los muertos sin bautizar, ateos y a la gente enferma que se quitaba la vida. A la derecha de la puerta se enterraban las criaturas que nacían muertas y, por lo tanto, sin bautismo: en terreno sagrado.

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