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Patrimonio inmaterial de Eulz, Navarra.21-El agua de uso doméstico(III)

Pozo en Eulz.Agua de uso doméstico

21-EL AGUA DE USO DOMÉSTICO (y III)

LOS POZOS. Decía Benito Galdeano (1911-2003) que en el transcurso de su vida se excavaron todos los pozos de Eulz, a excepción del de casa el Carpintero, la casa de su mujer. Esta reveladora afirmación de Benito nos contextualiza la fabricación de esos pozos en la primera mitad del S.XX.

Estos pozos eran muy desiguales en cuanto a su caudal y a la calidad de sus aguas. Algunos de ellos, hace años que quedaron obsoletos y se taparon al caer en desuso. Otros, por el contrario, han sido usados para riego hasta hace 20 años. Incluso los de la zona alta del pueblo se usaban para agua de boca cuando se quedaban sin agua corriente en el verano. La entrada en la Mancomunidad, y la ampliación de la balsa actual para riego fueron determinantes para el uso residual de los pozos en la actualidad.

Sin ánimo de ser exhaustivo, nos haremos una idea de su importancia con una relación aproximada de los pozos que se han conocido. Los de casa Andresón tuvieron dos pozos, conservando actualmente el de la casa troncal. El pozo de casa el Carpintero conserva el brocal o parapeto y, dada su ubicación, con frecuencia l@s niñ@s de la escuela se acercaban a beber agua durante el recreo. Por debajo de él, se situó el de la familia Legarda-Santamaría y subsiste el de casa Zudaire. También tuvieron pozo los de casa Azcona y aún se conservan los de la casa de Gil Pagola, casa Legarda y Larrión-Zabaleta. En la parte occidental tienen pozo en la casa Barandiarán-Lana y calle abajo se mantienen sin cambios el pozo de Jesús Azcona (antiguamente de Marcotegui) y el de Benjamín Larrión. Los Suberviola lo guardan, al igual que el de casa Lyon y el de la familia Garraza-Lezáun. Finalmente, en esa zona había otro pozo cuyo uso era compartido entre casa Comas y Jesús Azcona.

Ya procediera el agua del pozo de casa o del Lavadero etc., el traslado hasta la cocina era habitualmente trabajo femenino. Para esta labor, las chicas se ponían sobre la cabeza un pañuelo enroscado, que se mojaba a veces para facilitar su acomodo, al que llamaban rosca o rodilla. Antes del agua corriente no había fregaderas ya que esa función se realizaba en una caldera o en un barreño y por lo tanto, el recipiente con el agua se dejaba sobre la cantarera. Así pues, se ponía una boteja sobre la cantarera y de ahí bebían todos los de casa. La cantarera era una piedra con un pequeño goterón en su periferia con función de escurridero para el agua que se rezumaba o se derramaba. Hasta entrado el S.XXI se pudo observar en la casa parroquial el modelo más arcaico de cantarera. Allí, en la cocina vieja, junto al escaño, el fogón y los aparadores de obra, había un viejo tablón apoyado en dos machones de ladrillo y con tres agujeros redondos donde encajaban la base de los cántaros. De esta manera quedaban convenientemente sujetos.

Finalmente, en relación con la destreza femenina para llevar cántaras y diversos objetos sobre la cabeza, Aurora López de Dicastillo (Muneta, 1940) recuerda haber oído narrar a su abuela Mari Nieves, como cruzaba la sierra hasta Sakana, con un guerbillo de higos sobre la cabeza para venderlos allí. Ante la ironía de la nieta que le comentaba que en tal negocio no sacaría ni para alpargatas, la abuela contestaba rotunda que los higos valían 30 céntimos y las alpargatas tan solo 10.

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